No suele parar .


Todos los humanos guardamos un pena : silenciosa,cautelosa,nunca pronunciada,
tal vez alterada debajo de las sabanas,puede que rigurosa dicen las parades,
demaciado humeda para el cigarro.Pero cotidiana a la desfachetada cara.
Te sientas bajo el arbol,y cautivas la puesta de sol,tu caja de pensamientos
comienza a jugar y uno se disipara.Comienzas a retirar todas la flores del jardín,
el sol se preocupa de que le sea tarde y pronto nazca la luna llena
de burla,de llanto,de poca fuerza contra la mañana.
Siempre llevas las fotos,guardadas o concentradas,atrás del arból estan
los peldaños,que despues de apreciar,recordar aquellas fotos de las
almas queridas,decides de nuevo irte,bajar el gran puente luego
de esos resvaladisos peldaños,tomás una cuerda,la amarras a tu cintura,
y te despides del jardín.Ahí va otra promesa por regresar a regar las flores.
A esperar a que tus pensamientos no te dominen tan profundamente.A que
la pena sea descuvierta.La cuerda esta sujeta a su viejo tronco y
con las manos sobre tu cintura creas millones de nudos que no te impidan caer,
adonde siempre sueles llegar luego de regar.

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